Volver a casa puede ser más difícil que irse al extranjero

¿Cómo te fue en el extranjero?, ¿bien, mal?, eso ya no importa ahora que vuelves a casa. Han pasado varios meses desde que pisaste tierra conocida y estás ansioso por volver a ver a los tuyos, la gente y familia que tanto has extrañado.

Continuando la serie “Experiencia laboral en el extranjero”, ha llegado el momento de hablar sobre el regreso a casa.

Reconoces el cielo que te vio crecer, el aire que siempre has respirado y eso que apenas estas saliendo del aeropuerto. La gente te sonríe, el clima te saluda y empiezas a retomar los hábitos que habías guardado recelosamente en tu maleta cuando en el otro país te tocó tragar saliva y adaptarte a una nueva cultura.

Allá te tocaba pensar dos veces para hablar, ser cuidadoso con el uso del lenguaje, más aún si tenías que hablar en otro idioma. Algunas veces escuchabas tu propia voz y no estabas seguro si esa persona eras tú o sólo un personaje con tu cara. Luego estaba la comida, cómo sufrías las primeras semanas adaptándote a la sazón de turno, cada comida era una ruleta rusa llena de sabores ajenos mientras pensabas en el sabor único de tu patria, donde todo sabía bien.

En el trabajo, te demoraste en coger el ritmo y las costumbres de la oficina, medir tus expresiones, saber tu lugar en el engranaje que era la empresa y leer el ambiente para tomar mejores decisiones que no estuvieran en conflicto con las expectativas de tu jefe.

Pero eso fue allá. En tu país ya sabes cómo funcionan las cosas, estás un paso delante de la situación o ni siquiera tienes que preocuparte de qué pasará porque en tu oficina se corre a otra velocidad. Tu jefe parece no haber cambiado y mantiene su temperamento de todas las mañanas, tus compañeros siguen el mismo estilo de vida. Aunque ahora hay algo que no encaja del todo bien en tu puesto y no logras descifrar qué es. Pero no importa, ahora que estás de vuelta, todo será como antes, como… siempre.

¿Qué pasa?, ¿porqué sientes un pequeño picazón cuando tus amigos llegan tarde a una cita?, ¿sientes que no estás rindiendo de la misma manera que tus colegas?, o tal vez produces con mayor rapidez que ellos cuando no hay necesidad de hacerlo. ¿Por qué tu jefe toma ese tipo de decisiones cuando la opción correcta parece ser otra?, ¿ha sido así siempre? Calma, tal vez estas sobredimensionando la situación.

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Luego empiezas a darte cuenta que la comida en tu ciudad tiene más sal de lo normal, o menos. La velocidad en la que hablas es diferente y sientes que tu acento puede haber cambiado. Tus amigos continúan siendo ellos pero parecen ligeramente otros, será que los ves de otra forma y tal vez ellos piensen lo mismo de ti, al fin y al cabo eres tú el que se ha ido.

Ahí es cuando te das cuenta: has cambiado. Se te dificulta moverte por la ciudad en la que creciste, la gente te sonríe, pero ahora tú eres más serio. Hablas y lo haces con mayor seguridad, porque ahora puedes hablar en tu idioma cuando antes luchabas para adaptarte a uno ajeno. Sientes que tus compañeros podrían tomar mejores decisiones, y es que tu visión del mundo es más amplia ya que piensas en múltiples contextos. No es que seas mejor que otros, sólo eres distinto y mejor que tu “yo” de antes.

Ahora tienes otras metas, otras aspiraciones y te marcas objetivos. La experiencia afuera te ayudó a ser más fuerte y sensible con tu entorno, y ahora que vuelves a casa, lo notas. No te asustes, es normal que el cambio sea evidente porque has madurado y eso significa que el viaje a otro país ha funcionado de maravilla. Volver a casa puede ser difícil si tu nostalgia supera la realidad de tu país. No obstante, será cuestión de tiempo para readaptarte a ese ambiente.

Sin embargo, es posible que llegues a casa y siempre mires de reojo tu maleta de viaje. ¿Quién sabe? Tal vez las lecciones que aprendiste no fueron tan malas y ahora quieres aprender un poco más.

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